Durante la mañana de este sábado, Santiago Peña fue trasladado a la sede de la Fiscalía General del Estado (FGE), donde participó de una audiencia de declaración indagatoria. En esa instancia, el exmandatario decidió no responder preguntas.
Al finalizar la diligencia, los fiscales Christian Manuel Benítez Cáceres, Silvia Margarita González Vester, Elena Fiore Franco y Ruth Karina Benítez Benítez formularon imputaciones en su contra por los presuntos delitos de lesión de confianza y administración en provecho propio. Además, solicitaron al juzgado que dispusiera su prisión preventiva.
Posteriormente, Peña fue conducido hasta el Palacio de Justicia a bordo de una camioneta Toyota Land Cruiser negra y blindada, manejada por un chofer militar. En el vehículo también viajaba el teniente coronel Óscar Armando Sostoa Martínez, quien hasta ese momento continuaba a cargo de la seguridad del exjefe de Estado.
El momento de tensión en el Palacio de Justicia
El traslado se realizó bajo una fuerte custodia policial, con varios patrulleros acompañando el vehículo. Al llegar al Poder Judicial, Peña fue recibido por personal de seguridad en el estacionamiento del subsuelo, que había sido despejado para el procedimiento.
Allí le informaron que, por su condición de procesado y de acuerdo con las normas de seguridad vigentes, debía colocarse las esposas antes de dirigirse al despacho del magistrado.
La indicación generó una reacción de rechazo por parte del exmandatario, quien expresó: “No puede ser ko, soy un expresidente de la República”, mientras los agentes le solicitaban que llevara las manos hacia atrás.
Finalmente, luego de explicarle que las esposas serían utilizadas únicamente durante el trayecto entre el ascensor y la oficina judicial, Peña accedió a cumplir con la disposición y un efectivo policial le colocó la cadena de seguridad.
La medida no constituye un procedimiento excepcional, sino una exigencia protocolar que alcanza a cualquier persona sometida a una restricción de libertad mientras se desplaza dentro de las instalaciones del Palacio de Justicia. El mismo mecanismo se aplicó una vez concluida la audiencia.
De esta manera, quien hasta apenas un día antes había ejercido la Presidencia de Paraguay recorrió esposado el camino desde el estacionamiento hasta el ascensor y luego por el pasillo del cuarto piso de la torre norte, donde se encuentra el despacho del juez Otazú. Una vez que ingresó a la oficina, le retiraron las esposas.
Las autoridades judiciales no autorizaron la toma de fotografías ni la grabación de imágenes durante ese recorrido. Sin embargo, se presume que el desplazamiento quedó registrado por las cámaras de vigilancia del edificio.
En el despacho ya se encontraba su abogado defensor, Ricardo Alberto Preda Del Puerto. Ambos escucharon las explicaciones del juez Otazú acerca de los pasos procesales que correspondía seguir.
Al igual que en su presentación ante la Fiscalía, Peña optó por abstenerse de declarar ante el magistrado. Las únicas fotografías difundidas de su permanencia en el lugar fueron realizadas por el equipo de prensa del Poder Judicial y posteriormente distribuidas a los medios.
Una vez finalizada la comparecencia, el exmandatario se despidió de su defensor, volvió a ser esposado y descendió nuevamente hasta el subsuelo. Allí le quitaron las esposas y quedó bajo la custodia del personal militar y policial que lo trasladó otra vez al Regimiento Escolta Presidencial, donde permanecerá detenido.
Un alojamiento especial dentro del Regimiento Escolta Presidencial
La prisión preventiva dispuesta por el juez Otazú deberá cumplirse en el Regimiento Escolta Presidencial (REP), dependencia militar donde Peña ya se encontraba alojado desde la noche anterior.
Según la información consignada, el exmandatario ocupa un espacio acondicionado como una suerte de suite, destinado habitualmente a quienes ejercen la Presidencia de la República. Se trata de una comodidad que, tras dejar el cargo, podría ya no corresponderle.
Fuentes militares describieron el lugar como una habitación de características similares a las de un hotel de categoría, muy alejada de las condiciones habituales de un calabozo.
De acuerdo con esos mismos testimonios, cuando llegó al establecimiento y le consultaron cómo se encontraba, Peña respondió que enfrentaría el proceso judicial y que estaba dispuesto a defenderse hasta las últimas consecuencias.